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Sep 20, 2011

Cómo Fortuño compró la lealtad de Cordero

Nos imaginamos el desánimo de Fortuño. Lleva ya varios meses en "damage control". Su administración va de escándalo en escándalo, no hay respiro entre tanta corrupción. No dudamos que al comienzo de su mandato, Fortuño haya pensado que podía hacer todo lo que ha hecho bajo un férreo control, y no se esperaba que todo el tinglado se desmoronaría tan pronto. El gobierno de Fortuño es un barco que hace aguas por todas partes. El asunto del salario de Cordero es reflejo de los tratos leoninos que Fortuño tuvo que hacer para comprar la lealtad que requería. No dudamos que Cordero le haya dicho que el salario de director de la AEE no era suficiente para rechazar los cheques de su retiro, por el que cobraba unos $112,000. Fortuño le habrá respondido que dependía de él para el asunto del gasoducto, y que estaba de acuerdo con pagarle el suculento retiro además del sueldo, a cambio de bajarle éste un poco a cambio de bonos a lo largo de su desempeño. Suponemos que Fortuño pensó que los bonos serían una manera de mantener a Cordero atado con una corta cuerda para que éste tuviera presente que su lealtad sería evaluada, y en caso de traición, sería penalizado con la suspensión de los bonos. Éste habrá sido el trato con Cordero. Y quizá con unos cuantos más de los que no sabemos todavía.
Esto explica el férreo apoyo de Cordero al gasoducto. Simplemente, el proyecto del gasoducto no se sostiene por sí mismo, sus méritos son insuficientes para la envergadura de la propuesta. Es bastante sencillo ver que hay intereses creados en cada página del proyecto. Recordemos que estos megaproyectos son la vía más fácil que tienen los políticos corruptos de cometer fraude y desfalcar las arcas del país. Por medio de los megaproyectos, los políticos no sólo se enriquecen para el resto de sus vidas, sino que compran influencias, pagan favores recibidos, se aseguran de dejar el gobierno atado por muchos años, etc.
Quizá el mejor proyecto de ley que podríamos tener en estos momentos sería la total prohibición de megaproyectos, definiendo éstos como los proyectos que requieren una inversión de más de mil millones de dólares, por ejemplo. Ésta sería la ley más útil para impedir el desfalco del país.
Suponemos que la revelación del trato leonino entre Fortuño y Cordero le habrá sacudido el estómago al primer mandatario. No nos sorprende su rápida respuesta, y su loca decisión de bajarle el sueldo a todos los que trabajan en la AEE. Fortuño ha tomado la calle del medio para que el pueblo tenga la impresión que es un hombre que sabe tomar el toro por los cuernos. Sin embargo, es obvio que la rabieta no es apropiada para un gobernador que sea honesto y eficaz. Obviamente ningún gobernador tiene el derecho o el poder de bajarle el sueldo a los trabajadores de un sindicato así porque así.
Pero entendemos a Fortuño, en estos momentos quiere detener la hemorragia del escándalo de la AEE en general como sea posible. Fortuño sabe que los precios de las facturas de la AEE son simplemente artificiales, impuestos con el único propósito de ahogar al pueblo para que éste vea con buenos ojos el proyecto del gasoducto, para que se crean que el gasoducto es la única manera de bajar las facturas. El cuento chino del ajuste por combustible no tiene sentido, no es posible que suba a medida que el precio del petróleo baja en el mundo entero. A mandato de Fortuño, la AEE está apretando al pueblo de toda manera imaginable, como por ejemplo, atrasando lo más posible la reparación de averías, evitando el mantenimiento de la flota de camiones de reparación, o de los postes caídos, incluso aprovecharse de los eventos meteorológicos para desesperar aún más al pueblo puertorriqueño. Detrás de todo esto está el señor Cordero, quien sigue al pie de la letra el acuerdo con Fortuño.
Y ahora entra en la palestra la UTIER, sindicato de los trabajadores de la AEE. Claro que la UTIER tiene razón, no es justo que le bajen los salarios a todos los obreros a consecuencia del escándalo del sueldo de Cordero. No hay duda de que Fortuño lo sabe. Tomó la medida para envolver el escándalo en una nube de humo, que la gente se olvide aunque sea un poco del salario de Cordero, que haya una porción de la población que se trague el cuento y piense que es un gobernador con los huevos buen puestos. Y lo irónico de todo es que a peor vaya la situación con la UTIER, mejor para Fortuño, mejor para el gasoducto. Con la UTIER, Fortuño tiene a alguien a quien culpar de la descomunal ineficacia de la AEE. Como no ande muy lista, la UTIER terminará siendo el chivo expiatorio de Fortuño.
El director de la UTIER dijo hoy que el sindicato le presentó un plan a Fortuño por el que se lograría bajar en un 30% el importe de la factura de la luz si se hacen unos cambios razonables a las tareas pertinentes y se mejoran los procedimientos de mantenimiento. También dijo que ni Fortuño, ni nadie del gobierno, le ha hecho caso, y que el gobierno ha propuesto un plan por su cuenta que no servirá de nada. Esperamos que el director de la UTIER no se haya extrañado de que no le hicieran caso, las cartas no pueden ser más claras.
Quizá sea un poco loco pensar que el escándalo del sueldo de Cordero haya sido provocado por el gobierno. La urgencia de que el gasoducto salga adelante es tremenda. El punto de no retorno se acerca, sobretodo bajo la posibilidad de que no retenga Fortuño la gobernatura. Por lo tanto, el que no pase nada es terrible para el gasoducto. El status quo de esperar a que las diversas instituciones federales den el visto bueno es desesperante para toda la gente que chupará millones en la construcción del tubo de casi 100 millas. No olvidemos la empresa española que se enriquecerá vendiéndonos gas a un precio altísimo, concertado con nuestro gobierno a cambio de quién sabrá qué.
Así que cualquier escándalo que sacuda a la AEE podría beneficiar al gasoducto. Quizá el hecho de que Cordero pidiera públicamente que le bajaran el sueldo hace unos meses no haya sido tan benevolente como la mayoría hubiera pensado. Quizá el que se descubra el sueldo que tiene ahora no haya sido tampoco casualidad. Quizá todo haya sido planeado entre Cordero y Fortuño. Por un lado, Cordero sabe que le echarán del cargo si ganan los populares, por lo que tampoco pierde tanto a estas alturas del juego. Quizá el enfado y la rabieta de Fortuño haya sido bien planeado, algo para que pueda gritar "¡necesitamos el gasoducto!, ¡cómo es posible que no nos demos cuenta!"
PURA DEMAGOGIA...

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