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Dec 18, 2010

Mucha gente quiere ver correr sangre estudiantil: ¿cómo hemos llegado a estos sentimientos?

Las campañas de informaciones falsas e incompletas son extremadamente perjudiciales para nuestro pueblo. El resultado se ve claramente: una extensa porción de nuestros compatriotas ha desarrollado sentimientos de odio hacia nuestros estudiantes universitarios.
Es una tragedia nacional de primer orden. Muchos ciudadanos han formado un concepto vil del estudiante. Prácticamente les consideran parásitos de la sociedad, vagos que viven de las becas y que no aportan nada al país. Jóvenes caprichosos e ingratos que viven del cuento, que no saben otra cosa de quejarse y que nunca tienen bastante. Jóvenes que no quieren pagar nada a cambio de una educación y que sólo se dedican a beber cerveza y fumar marihuana, u otras cosas peores.
¿Qué ha pasado con la imagen del chico o chica trabajador/a, que tiene un interés noble de hacer algo con su vida y que quiere llegar a ser un profesional para ofrecer sus servicios a la comunidad?
Nos duelen los comentarios de muchos ciudadanos, resultado de un eficiente proceso de envenenamiento promulgado por nuestros políticos, a quienes al parecer no les importa las consecuencias de sus actos en la sociedad. Con tal de adelantar sus agendas individuales y políticas, han calumniado y calumnian constantemente a los estudiantes de la UPR.
Y lamentablemente, el pueblo, desinformado y fácil de manipular, se ha tragado las calumnias. Es la única explicación de que sean muchos los que quieren que los estudiantes caigan bajo los macanazos de la uniformada, y que sean procesados judicialmente, y expulsados de la universidad. Mucha gente quiere ver correr la sangre estudiantil. Es una gran desgracia.
Al pueblo le decimos que esperamos no se deje seguir arrastrando por esas calumnias. Los estudiantes no han cambiado nunca. Siguen siendo los ciudadanos que debido a su preparación y juventud no se restringen, gracias a Dios, a articular sus protestas ante las injusticias sociales de nuestras instituciones. Un pueblo sin universitarios es un pueblo sin voz propia.
Tampoco apoyamos que el pueblo escuche a los estudiantes sin poner en tela de juicio sus argumentos. El estudiante sabe que un pueblo informado y crítico es el mejor partidario de su causa. De la misma manera, los gobiernos saben que un pueblo mal informado, carente de incentivos para intentar entender la realidad, es el más fácil de manipular.
La batalla entre políticos e intelectuales (irónicamente no son actividades mutuamente excluyentes, pero en nuestro país parece serlo) se está lamentablemente inclinando hacia los primeros. La razón es que los políticos tienen el control de los medios de comunicación, que han ido empeorando con los años. No es casualidad que no exista ningún programa de análisis profundo y completo de nuestros problemas en los medios.

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